Trabajadores Migrantes en Chile*

En la década de los noventa, Chile se transformó en un país receptor de trabajadores. Al principio fueron de baja calificación que al poco andar se fue transformando en más especializados.

*Actualizado noviembre de 2021

Trabajadores Migrantes en Chile

En la década de los noventa, Chile se transformó en un país receptor de trabajadores. Al principio fueron de baja calificación que al poco andar se fue transformando en más especializados.  El regreso a la democracia, apertura y excelente desempeño económico que unido a una estabilidad política y social sostenible, que aunque los chilenos reclamamos permanentemente, nos han transformado en uno de los lugares más atractivos del continente americano para la búsqueda de un mejor futuro profesional.

Esta situación ha provocado que, no en vano, el número de permisos de trabajo concedidos por las autoridades chilenas creció, en 2016, casi en un 47% con relación al año inmediatamente anterior.

En la actualidad, es más fácil ver el cambio migratorio en las calles, donde los diferentes idiomas, colores y costumbres nos muestran una migración variada y con la tendencia a “creer” que viven en la ilegalidad y que se sitúan en trabajos de poca especialización. No obstante, esa primera apreciación nos induce al error de suponer que a Chile llega solo el trabajador poco especializado.

Sin embargo, las inversiones extranjeras y la presencia de filiales transnacionales de grandes empresas mineras, bancarias, de tecnología y de telecomunicaciones generaron puestos de trabajo especializado, siendo responsables de la llegada de ejecutivos y profesionales que vienen a ocupar cargos de responsabilidad y calificación, pero que no solo han venido a cumplir con una asignación profesional sino porque su vida en nuestro país, les presenta mejores perspectivas profesionales y económicas.

Arquitectos, ingenieros, economistas, periodistas, profesores de universidad, médicos, enfermeras llegan a Chile solos o con familia, así como técnicos, obreros, vendedores, garzones lo hacen con la misma ilusión de encontrar el trabajo o bien iniciar la empresa en un país que aunque con una estructura social y cultural compleja tiene cada vez más la necesidad de talento, trabajadores y emprendedores de alta calificación, así como de labores en los sectores de comercio en especial de atención al público y del hogar.

En temas estadísticos y según la Encuesta CASEN 2013, el “promedio de años de estudio de la población migrante es de 12,6 años y  la de la población chilena es de  10,7 años”, esto es, dos años más de educación formal. Su distribución más especializada se encuentra en la Región Metropolitana y en Antofagasta, los niveles medios y técnicos (segundo lugar de Chile de mayor presencia extranjera). Así como en la Región de Valparaíso y Arica y Parinacota muestra una población más heterogénea.

“Las ramas económicas donde más trabajan los inmigrantes, son comercio, la que se lleva el primer lugar con un total de 38.545 (23,8%), actividad en los hogares con 23.710 (14,7%) y alojamiento y servicios de comida con 19.406 (12%). Construcción 17.905 (11,1%) Manufactura 10.707 (6,6%) Agricultura, ganadería, silvicultura y pesca 7.095 (4,3%) Resto actividades 43.917 (27,2%)”. Según Fuente: Clapes UC / INE

Los colombianos se concentran particularmente en Antofagasta, una región muy rica en cobre y en donde se encuentra la mina de este mineral más grande del mundo. Particularmente provenientes del Pacífico, llegan a trabajar como mineros y ganan el doble que un obrero chileno normal. Por eso, y por la economía que se ha desarrollado alrededor de las minas, últimamente se han presentado varias manifestaciones en contra de la llegada de colombianos a ese país.

Por lo que hablar que los “extranjeros vienen a quitarle el trabajo a los chilenos”, es un error y solo demuestra desconocimiento, falta de visión y de la persistencia “isleña” de nuestra sociedad.

Por eso preocupa el desaprovechamiento de una población migrante con índices educacionales por sobre el promedio de los chilenos, relegándolos a trabajos menores y no calificados que los nacionales descartan, respondiendo a la segmentación de un mercado del trabajo no exento de esquemas culturales prejuiciosos y segregacionistas y a una institucionalidad que, si bien presenta avances, continúa identificando la migración como una amenaza.

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